viernes, 26 de noviembre de 2010

Reloj.

Termina, ya se termina
siga derecho nomás
las agujas van solas.
No se preocupe
no hace falta que haga
nada.
Duerma, si quiere
mire, mírelas girar
girar otra vez.
Son dos minutos nomás, no se desespere,
acá nadie apura.
Hay tiempo para otra
sonrisa, para otro recuerdo.
Un ceño fruncido, por qué no.
Alguna arruga nueva;
La muñeca marcada,
ya viene
es un segundo más,
y se termina.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Desapasionadamente.

Soy la forma más exacta
Del patrón más imperfecto
Soy la vida sin matices,
Soy el camino marcado.

Casual como una mentira,
Como un sueño y como un mundo,
Como un fuego centelleando
Desapasionadamente.

Tal cual nombre sin origen,
O juego sin reglamento,
O pilar que no sostiene,
O diosa que no perdona,

Cada cosa que percibo
Me es efímera y ajena,
Miserable, intrascendente,
Despreciable, accesoria.

Así es como yo me aparto
Del placer que no conozco
Del deseo y la lujuria
De vivir más plenamente.

Así es como yo me escondo
Cómo logro escabullirme,
De las ganas de expresarme y
No saber cómo decirlo;

De probar nuevas opciones
Que no pueden convencerme,
De no estar nunca del todo
Suficientemente cerca.

Soy la forma más exacta
De esquivarme sin recelo.
Soy la sombra del camino
Que no llegó a ningún lado.

Soy la que dice y no dice,
La que intenta que la escuches,
La que habló de sincerarse
Y al final no dijo nada.

Soy casual como la vida,
Tan efímera y ajena;
Era el fuego, y ahora, ardo,
Desapasionadamente.

jueves, 28 de octubre de 2010

Desde una grieta.

Las palabras, para conseguir que les reconozcan algún valor, tienen que encontrar su lugar. ¿Su lugar en dónde, sería la pregunta? Bueno, he aquí el problema. ¿Su lugar en dónde?
Es por esto que encontramos, creo yo, tan pocas palabras valiosas últimamente; porque nadie sabe adónde deberían ir, ni adónde dejarlas, o en dónde deberían estar...
La meta del escritor sería, supuestamente, encontrar ese determinado espacio para sus palabras en el medio de esta inmensa marea de frases y más frases, de sentimientos que buscan palabras y palabras que buscan sentimiento, o precisión, o sentido, por qué no.
Andaba pensando en esto justamente el otro día, tirando frases al aire, viendo si alguna caía haciéndose un lugar en esa atmósfera tensa que se forma últimamente cuando estamos a solas mi conciencia y yo (venimos discutiendo acaloradamente, temo una separación), o tal vez no en ese mismo momento ni en ese mismo lugar; en un papel, sería maravilloso que las frases que uno le entrega al aire aterricen suavemente en un papel, revisada la calidad y corregida la ortografía.

Yo no sé adónde van mis palabras; no sé adónde deberían ir. No sé si deberían ir, siquiera, porque quizás deberían quedarse, o irse y volver, o irse y quedarse, o irse y quedarse al mismo tiempo. Quién sabe.
Ambivalencia. Esa es mi palabra favorita. Cultismo. Latina. 12 letras (coincidencia nomás). "Estado, transitorio o permanente, en el que coexisten dos emociones o sentimientos opuestos; como el amor y el odio, ó condición de lo que se presta a dos interpretaciones opuestas. Del prefijo ambi, que significa 'a uno y otro lado' y del sufijo valente, que significa 'que posee una determinada valencia'".
La ambivalencia, siempre creí, debe dejar una huella pendular en uno, un surco que con cada vaivén se profundiza. No deja de moverse nunca, no para a preguntarse si su balanceo es el correcto, solo se mueve. Y como llega a ambos extremos, sabe que en algún momento se va a equivocar, pero en otro va a estar orientado correctamente.
Si tan solo me permitiera esperar hasta que el péndulo llegue al otro lado...

Pero no. Yo quiero dos lados correctos. ¿Y por qué no puedo tenerlos? ¿Por qué si uno está bien, el otro tiene que estar mal? La dualidad es sencillísima, pero es tan, tan irreal...

Yo nunca sé para dónde van a irse mis pensamientos, tiene sentido que mis palabras compartan el mismo destino. No sé si quedarán acá, estancadas, no sé si ya estarán viajando; generalmente se hacen un lugar adónde pueden, si no en los otros, en mí -aunque suelo ser una suerte de último recurso-, o se deslizan por las grietas de alguna frase anterior y ajena que las apañe. Y ahí se quedan, quietas y mudas, esperando a que a un aventurero se le ocurra revolver más allá de los clásicos; a que, 170 años después, algún político decida que a su campaña le falta lírica; a que un turista accidental se las lleve a su lugar de origen, lejos, tan lejos como sea posible, donde el ambiente, mágicamente espacioso, tenga lugar para todos.

O por lo menos tenga grietas más amplias.

domingo, 2 de mayo de 2010

Esclavitud adueñada.

Hay verdades y verdades. Verdades extraordinarias, verdades injustas, verdades a medias que casi ni llegan a ser verdades; verdades curiosas, verdades celosas, verdades que nadie quiere conocer y verdades que todos anhelan y buscan. Verdades fantásticas, de una naturaleza casi milagrosa -para los que son creyentes, claro-, y verdades terribles.
Algunas verdades, más ciertas que otras, nos marcan sin mucho qué hacer al respecto. Nos chocan, nos tocan, nos penetran con su irrefutable realidad; nos enfrentan duramente a nosotros mismos -en esos maravillosos y a la vez terribles momentos en los que parecemos ser un millón de emociones fantasmas arremolinadas en un solo cuerpo- y, generalmente, consiguen que las escuchemos, muy a nuestro pesar. No hay mucho que se pueda hacer contra la(s) verdad(es). ¿Cuál es el sentido? ¿No decimos siempre que es mejor saber la verdad, aunque lastime?

...Pero también hay mentiras y mentiras. Hay mentiras increíbles -en ambos sentidos-, mentiras injustas y justas, mentiras a medias -que a nadie le importan-, mentiras piadosas o blancas, mentiras con poco futuro. Mentiras fantásticas, de una calidad realmente magnífica -que, lógicamente, cuestan muchísimo más trabajo que la verdad-, y mentiras terribles.
Algunas mentiras, más fuertes que otras, nos marcan sin mucho qué hacer al respecto. Las mentiras no chocan hasta ser descubiertas, puesto que eso iría en contra de todo lo que plantean. Mientras tanto nos tocan, nos conquistan, nos envuelven con la seductora -tan irremediablemente seductora- posibilidad de que algo que tememos sea solo una ilusión, que es, curiosamente, a lo que nos entregamos para evitar esa misma certeza.

...Hay verdades y mentiras que elegimos conservar. Otras, mientras más queramos olvidarlas, más se fijan a nosotros. Por eso no le veo sentido a olvidar.
Solemos decir que la verdad es fría, y tal vez sea cierto. Tal vez la mentira es un acto más apasionado -lo cual tendría sentido en nuestro entendimiento de la pasión, a la que por alguna razón condenamos sin mucha reflexión a ser tortuosa y sufrida-, y tal vez la verdad sea la decisión más prudente de las dos, pero hay veces que no entiendo el sentido ni de una ni de la otra.
Si seremos hipócritas, ¿eh? ¿O acaso no elegimos las verdades que compartimos y mentimos cuando una de ellas no nos favorece? Nadie es completamente honesto, ¿por qué habríamos de serlo? ¿Hay algo que nos obligue a contar todo? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿No puedo yo, y cualquier otro, elegir lo que comparto de mí misma y con quién lo comparto? ¿Qué es lo que nos atrae tanto teóricamente de la verdad, y prácticamente de la mentira?
¿Será que aspiramos a mostrarnos como somos y al fallar casi grotescamente tenemos la necesidad de saberlo todo y exigir a otros lo que no cumplimos? Cómo nos cuesta admitirnos mortales, humanos, tan imperfectos como somos. O quizás no seamos imperfectos; quién soy yo para sentenciar algo así.

Supongo que la regla fundamental a seguir cuando uno trata con la verdad y la mentira es siempre, pero siempre, saber cuál de las dos se está usando,y no dudarlo ni por un segundo. Si no, uno termina tan traicionado como los demás. Eso es tan fácil...

"El hombre es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras". No recuerdo a quién le estaba atribuida esa frase. Mentiría si arriesgara un nombre. Por eso mismo, concluyo mis pensamientos con una medida espontánea, y, sin mucha reflexión, me separo por un momento de mis silencios -fieles y conocidos compañeros que ya de por sí, si tomo esta frase como real, son míos- y me adueño furtiva, inesperadamente, de mi esclavitud. Es que hoy prefiero decir que ser libre, porque a veces es el no decir el que aprisiona. Al menos, ese es el ideal que me gustaría respetar.


Hay decisiones que hacen a nuestro futuro más incierto, más difícil, más sacrificado que otras, pero, ciertamente, también lo hacen mucho más interesante.

lunes, 8 de marzo de 2010

Calavera no chilla.

No estoy acostumbrada a no poder poner en palabras lo que siento. Es así. La explicación siempre se me da fácilmente; me es familiar. Mi mirada antropológica, como diría Betty, de la vida -y particularmente de mi vida-, me permite elevarme de la situación en la que me vea involucrada y, sencillamente, describirla cual científico en su laboratorio. Me paro a un costado (algunas veces no literalmente, claro) y trato de entender qué está pasando; observo a la gente, la estudio, la leo; registro los detalles y presto atención a la omisiones. Saco conclusiones y trato de deducir las consecuencias que tendrían determinados pensamientos si evolucionaran en acciones. Es simple. Es seguro. Es cómodo. Es lejano a la realidad y al sentimiento en sí. Es racional, inofensivo, armónico. Incluso se puede volver estético.
El único problema que esta forma de... supervivencia parece tener es la facilidad con la que uno puede, a menudo, encontrarse fuera de terreno conocido. ¿Y entonces qué? ¿Qué se hace?
Si estuviera de mejor humor diría algo del estilo de "en esas situaciones, lo que se hace es, finalmente, abandonar esa posición pasiva de limitarse únicamente a pasar la vida como un calendario y empezar a vivir: aventurarse tal vez no sin miedo, pero con decisión ante esta nueva oportunidad de ser uno y no quedarse dentro de esa jaula que creamos para no poder conocernos del todo ni ver dónde podríamos llegar". No es el caso. Me incomoda la incertidumbre. Me incomoda no poder expresarme. ¡Me incomodás! Me incomodás y no tengo manera de controlarlo -cosa que me incomoda aún más, a mí, que nunca pierdo el control- porque... porque no sé por qué.
Porque puedo lidiar con el afecto, la atracción, la confusión, el enojo, la frustración, la fascinación, la decepción, la melancolía, el resentimiento, la admiración, la nada. Puedo lidiar con todo eso, más allá de lo que me genere cada cosa. Puedo lidiar con todo eso porque puedo racionalizarlo y entender de dónde viene y cómo resolverlo. Pero la incomodidad... ¿qué hacés con la incomodidad? ¿cómo dejás de estar incómodo? ¿Y qué hacés cuando sabés qué te incomoda, pero no podés evitarlo?
Vale aclarar que no estoy mal, ni triste, ni angustiada, ni nada de eso. Ni cerca. Simplemente hay tanto que no estoy diciendo y tanto más que no quiero decir, y estás vos, estás vos y no sabés que estás y no sé si yo quiero que sepas. Conclusión: me metí en esto yo solita.

Y claro: Calavera no chilla, pero, y ahora...

¿...Qué hacemos?

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Diez años después.

Blancanieves nunca quiso ser realeza;
Aunque ella lo niegue en su rostro se aprecia.
Quiere ver montañas y desde sus cumbres
El viento y las nubes poder alcanzar.

Presa en sus vestidos de seda se aburre,
Y de las costumbres no quiere ni hablar.

Ella está rodeada de gente tan fría;
Se siente una extraña, se siente vacía.
Vuela frente a ella un cumplido engañoso,
Y cierra los ojos por no protestar.

Porque en su palacio todo es tan hermoso,
Que nada a la vista se puede tocar.

No puede evitar añorar el pasado,
Sus buenos amigos, su casa, su prado.
Ahora está casada y planea reuniones
Sin más libertad que sentarse a opinar.

Aprendió a escuchar y a esconder emociones,
Y aún así su voz no se deja engañar.

Se vistió radiante, como corresponde
-La pana delata lo que el cuerpo esconde-.
El príncipe azul que se acerca indeciso
Demuestra interés y la invita a bailar.

Ella le sonríe y con gesto impreciso
Niega cortésmente y se vuelve a sentar.

Es que está cansada de tantos regalos,
La llenan de joyas, la llenan de esclavos…
Aunque los acepte por ser complaciente,
A puertas cerradas los deja escapar.

Las joyas le gustan pero no las siente;
Las tira a la fuente por verlas brillar.

La dejaron sola y la reina anda suelta,
Prometió encontrarla y vengarse a su vuelta.
Sabe que no hay suerte que pueda ayudarla
Pero al parecer no la llega a afectar.

En su mente hay cosas que suelen cegarla,
Ni las amenazas se pueden filtrar.

Corre hasta su torre y se encierra en su cuarto
A leer los cuentos que le gustan tanto.
Canta recitando finales felices,
Pero ya ni eso la puede alegrar.

Es que Blancanieves no tiene matices,
Y cuando está triste no sabe llorar.

Dime, Blancanieves, qué es lo que te apena,
Que ya no sonríes cuando el río suena;
Rosas y palomas adornan tus sueños,
Pero solo en ellos se van a quedar.

Acaso ha perdido la luna su encanto
Que ya no te escapas a verla brillar?

Vamos Blancanieves, que ya es primavera:
Siente la alabanza del día que espera.
Borra con tu risa el sonido del llanto,
Se apaga tu canto en tan hondo pesar.

Déjame llevarte a una tierra lejana
Donde los senderos estén sin marcar.

No te escondas más entre muecas fingidas
Ni sigas penando ilusiones perdidas,
Tienes una vida esperándote afuera,
Aquí solo quedan metas sin lograr.

Aunque tus razones no sean sinceras
Es solo un momento que debes pasar.

Métete en el cuento que tanto adorabas,
Y encuentra ese bosque que siempre buscabas,
Salta de tu torre de fiel prisionera,
Aunque ya no creas que puedes volar.

Déjate llevar por la paz pasajera,
Ni bien la marea comience a bajar.

Siéntate y espera a que llegue la reina,
Cuéntame una historia y demora el final;
Duerme mi princesa vestida de pana
Que solo en tus sueños puedes ser real.

Si no caes rendida frente a la manzana,
Tal vez la mañana te pueda encontrar.

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Es larguísimo, lo sé. De todas maneras, hacía mucho que no posteaba nada, así que va todo junto.

Felices fiestas a todos.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Vértigo.

No mires hacia abajo, le dijo él, y ella obedientemente fijó la vista en el cielo, en sus ojos, en el puente que se le hacía cada vez más lejano mientras caía.

viernes, 2 de octubre de 2009

Contar qué contar.

Hay una mujer en una parada de colectivo cualquiera que quiere inventar una historia sobre un hombre que está sentado intentando escribir un cuento sobre un pescador viejo que vive en su barco y que mientras espera el pique piensa en escribir una historia sobre un campesino que aunque no sabe escribir desearía poder contarle a todos la historia de su hija, una joven que estudia en la ciudad y que intenta escribir un poema sobre una mujer divorciada que quiere narrar su novela como otra mujer que no es ella, y que quiere contar la historia de la amiga de un joven apuesto que quiere ser escritor pero no sabe cómo poner en palabras su idea de la vida de un perro parlante que cuenta la historia de la vez que se enamoró de una gata que maullaba cuentos sobre su dueña, una anciana simpática pero aburrida que se entretenía contando la historia de su juventud como una periodista empecinada en relatar las aventuras de un hombre bohemio que conoció y que buscaba una manera revolucionaria de contar su vida para que sonara más interesante, y quería contarse desde la perspectiva de un huérfano de siete años que idolatraba a un artista bohemio que soñaba con la fama y si podía, con escribir la historia de un niño huérfano que, acostado en la cama, se imaginaba cómo sería su historia dicha por su posible madre adoptiva, una mujer que, esperando ansiosa en una parada cualquiera de colectivo, piensa en una historia para contarle cuando lo conozca, pero no se le ocurre nada.

viernes, 25 de septiembre de 2009

¿Quién querés ser, hoy?

Hoy no tengo deseos de estar de buen humor. Es así. Hoy no quiero sentirme feliz, optimista, salvadora de un otro o ingenua que sonríe porque siente que en el fondo, todo va a estar bien. Yo no soy esa. Tampoco soy ésta, pero quién me dice la que soy y la que no.
La verdad es que hace mucho que no puedo terminar un solo escrito. Muy simbólico, muy conocido.
El problema de hacer esto -escribir- es que pienso lo que voy a decir, trato de darle forma, algún estúpido trasfondo para que no suene tan plano como yo misma nunca me permito ser. Dios no permita que sea sencilla, o siquiera entendible. Por eso me gusta hablar, porque descubrí que si hablo realmente rápido, mi boca le gana a mi cerebro y llego al punto en el que el filtro ya no dicta mis palabras tan precisamente. Y ahí se me mezclan las ideas, las conjugaciones y los conceptos -e incluso se oyen los vestigios de una infancia seseosa-, pero lo que realmente siento me sale mucho más limpio. No me interesa la estética, hoy (mentira). No me interesa si no suena bien lo que digo (mentira); hoy la estética quedó guardada. Esto es escritura cuasi catártica, señores. Acá no hay reglas que respetar más que las propias. Y las reglas a las que se atiene mi cabeza son bastante ambiguas, así que puede ser cualquier cosa. Puedo ser cualquier cosa, en el texto. Lástima que no me dejo.
Pero hoy no estoy acá para escribir, estoy acá para hablar. Y eso hago: hablo. No puedo parar, porque si me detengo y lo releo, voy a borrar todo lo que escribí. Y entonces, estos minutos solo van a haber existido para mí, y estoy harta de vivir por y para cosas que solo existen para mí. Es cansador y estéril. La verdad, no hay demasiado que quiera y pueda decir. Hay mucho que quiero decir y no puedo, y mucho que puedo decir, pero no me interesa compartir. No, la verdad es que no quiero decir nada hoy. Así estoy, encaprichada. Tal vez no es que no quiera, sino que no sé cómo. El hecho es, pasado en limpio, que acabo de escribir quién sabe cuántas líneas para no decir absolutamente nada, y que no me interesa si hay alguien leyendo(me) o no. Hoy no. Porque no quiero tener que ir hacia la gente, ni hoy ni mañana ni pasado, y aunque por ahí ya para la noche se me va este sentimiento de que si supiera cómo, arrancaría mi mente de mi cuerpo y la pondría a observar desde algún campanario altísimo cómo viven otros, con mi cuerpo como un ente sin voluntad propia a su lado tirándole tomates y diversos objetos que hagan de proyectiles a cualquiera que pase lo suficientemente cerca de la base, y aunque me diga que fui una imbécil toda la mañana y toda la tarde por no poder ver lo maravilloso del día, lo mágico de las calles, el brillo natural de los pajaritos y las mariposas que hasta ahora solo se dedicaban a tratar de no morirse de frío, aunque todo esto pase y yo me vuelva una persona amable, considerada, que entiende y aprecia los encantos de la vida más allá de su humor, y aunque no entienda por qué -o no quiera reconocerlo-, todavía voy a recordar que me sentía así. Todavía voy a poder sentir, en algún lugar, bien lejos de mi sonrisa complaciente, esa ira extraña y furtiva que se hace presente de vez en cuando como para recordarme que todavía sigue ahí, y que no desapareció por arte de magia, o porque haya pasado el tiempo, o porque tenga una nueva filosofía de vida. No, no. Es una voz cómoda y superada que se ríe cuando me escucha hablar buscándole el lado positivo a las cosas, una advertencia que me dice "che, mirá que seguís siendo la de antes..." y tiene razón.
Hasta acá llego. Hasta que el arranque se diluye. Seguiré cuando vuelva, supongo.


(Mentira.)

jueves, 27 de agosto de 2009

Hoy.

Hoy me es temprana la manía;
Se hace presente en la ocasión
Para contar, con ironía,
Causas de mi insatisfacción.

Si bien tu andar no es cosa mía
Ni tus acciones me interesan
Es realidad lo que temía:
Otro inocente se hizo presa.

No es de la vida que reniego,
Sino de tu presencia en ésta
Porque en tu afán de placer ciego
Vas retrasando la respuesta.

Tus intenciones son injustas
Y tus deseos, algo vagos;
Voz dominante que no asusta,
Y que se pierde en los halagos.

Si me escondiera con la muerte,
Tarde o temprano, llegarías.
Hoy mi protesta no es tan fuerte,
Y aún siendo así, la ignorarías.

Sos una ausencia dependiente,
Yo, quien discute con tu sombra.
Sos mi pasado más presente,
Yo una verdad, que no te nombra.

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Estoy algo cansada...

domingo, 2 de agosto de 2009

Huellas que no se muestran.

En tu naturaleza caprichosa
No queda mucho espacio para quejas:
Problemas no te faltan, y son viejas
Aquellas fantasías peligrosas.

Las dudas que atormentan tu pasado
Están inamovibles hoy y siempre;
La voz, que no te sale de tu vientre,
Se arrastra en un furor desesperado.

Adónde van tus ojos cuando miran,
Que miran más allá, pero no entienden?
No saben atacar, ni se defienden,
Y tiemblan de terror cuando suspiran.

Y qué pasa en tus manos que se encuentran
Más la una a la otra, que a las mías?
Por cada abrazo fiel que me debías
Tengo huellas de las que no se muestran.

No creo que podamos arreglarlo
Si ya no siento nada que me mueva.
Te di este corazón de amante nueva
Y solo se te dio por regalarlo.

Qué importa si creés que estás cambiado
Si con verte llegar ya es suficiente,
El cambio es un engaño de tu mente,
Que quiere verte muerto y desdichado.

No creo en tus palabras traicioneras
Que dicen lo que creen que quiero oír;
Si siento que no tengo que seguir,
Entonces, ya no soy tu prisionera.

Voy a dejarte atrás con tu ceguera
En manos del temor que te carcome
Y ante el menor recuerdo que se asome
Prefiero desterrarme a ser sincera.

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...Semana pesadita.

lunes, 8 de junio de 2009

A una vieja pena ajena.

Cuando hablo con vos siempre, pero siempre, algo anda mal. Cuando digo algo, quiero decir todo, claro. Siempre encontrás una razón para cubrirte de tristeza, de nostalgia, de insatisfacción, y yo, con mi sola presencia, siento que no puedo ocupar esos espacios que te atormentan. Reconozco que no soy ningún rayo de sol y probablemente nunca lo sea, pero entiendo cuestiones que antes no entendía. No siempre tiene que ver con vos, y tampoco tiene que ver conmigo. Te entiendo; juro que te entiendo, pero ya no puedo contenerte. No tengo con qué, ya no me sale. Sos un lugar vacío en mi rutina y yo en la tuya.
No tiene que ver tampoco con el aprecio que te tengo, que a veces parece infinito. Es simplemente... aquella tan negada autopreservación.
A veces, me dijiste, hay que saber tomar distancia para entender exactamente lo que pasa, y como puedo ver que ya estás demasiado cerca, te la doy.
Será más bien como una despedida pasajera, tan cantada, ¿hasta que te permitas tomar un rumbo diferente?
Eso espero, aunque, honestamente, por primera vez en mucho tiempo la duda no me preocupa.
Tengo mi mundo de pequeñas cosas y gente extraordinaria que lo visita.

Así que espero;

Porque espero, sí; espero. Pero no preciso.

miércoles, 3 de junio de 2009

Fulanito.

Amor. Todo el mundo habla del amor. Es lo que todos esperamos, a lo que aspiramos, ¿verdad? Vivimos nuestra vida con un espacio vacío que ni siquiera sabemos que tenemos, y cuando nos enamoramos, de repente nos sentimos plenos. Ya no somos seres inacabados, efímeros, sino individuos (sujetos, más precisamente) completos, satisfechos, reales. Es que no existíamos hasta que nos descubrimos, porque eso es el amor: un redescubrimiento de quiénes somos en realidad. Una ventana al autoconocimiento. El amor es lo más importante que tenemos... no, no es lo más importante: es lo único.
...Bleh.
Reconozco que me considero, más allá del tono un tanto despectivo de mi interjección, la persona menos adecuada que conozco para hablar de estos temas, más que por otra cosa, por el hecho de que me han sido ajenos todo este tiempo y, como puede dejarse entrever, una parte de mí está todavía algo reacia a acercarlos. Nunca es fácil incluir a la gente nueva en los grupos, sobre todo en los cerrados, y, sea como sea, a primera vista el amor no me parece un compañero muy simpático. Es más bien como Fulanito, el timidón que es amigo de un amigo de tu primo, y que sale con ustedes porque sus papás lo obligaron a traerlo ("si él no va, vos tampoco salís"). Y los callados son los peores, dicen. Sin embargo, es un callado popular, porque parece ser que todo el mundo lo conoce. "¿Qué, Fulanito? Sí, es un genio... la pasás bárbaro con ese. El mejor momento de tu vida."
Minga. Minga porque he tenido que consolar a decenas de amigos por los deslices del Fulanito ese. Minga porque "no me habla en el msn", porque "la trae aunque sabe que me lastima" y porque "no me quiere como yo la quiero", o simplemente porque "no me quiereee!".
Admito que soy una romántica incurable, sí; soy consciente de eso. Creo en el amor, aunque reniegue de él, e incluso creo que debe existir en algún lado uno como lo pintan en las películas -lo creo muy a mi pesar y a regañadientes de mi aparente cinismo, para ser honesta-. Pero soy así en todo. Por eso paso de asombrarme por las nimiedades más maravillosas de la vida cotidiana a adoptar este tono amargado y arisco para descargarme contra Fulanito, todo eso en menos de lo que me lleva tipear una frase.
... Aunque eso me lleve bastante tiempo. Pero ese no es el punto (debería tomarme un segundo para releer de qué estaba hablando... ah, sí.). El punto es que, después de todo, no conozco a mucha gente que haya amado a alguien (*Nota Mental: reducir los desvaríos*). No realmente. Sí, todos queremos. Vos querés, ellos quieren, yo quiero. ¿Yo quiero? Pero no amo. ¿Y entonces? Volvemos a lo anterior. Todo el mundo cuenta cuentos sobre Fulanito. Aunque no lo conozca. Y yo, por los otros, nunca voy a poder conocerlo. No si no me acerco a conversar, aunque sea. Escuché muchas veces que es un tipo intenso, que supuestamente, cuando te elige, te sentís único en el mundo. Que es como si solo existieran vos y alguien más. Te hace ver todo diferente. Te hace reír, te hace llorar...

Podrá ser copado pero es un jodido, Fulanito.

domingo, 17 de mayo de 2009

12:21, 12:34...

Cincuenta y ocho, cincuenta y nueve, ¿estará bien cerrada la puerta? Sí, la cerré bien cuando entré. Sesenta. Es hora. Ya preparé todo, ¿no? Sí, ya tenía todo listo...
Me fijo por las dudas. Nunca se es suficientemente cuidadoso. A ver; listo, listo, listo. Sí, está bien. Está bien.
12:21. Perfecto. Ay, ¿puse los...? Sí, acá están. Qué suerte que son las 12:21. Qué suerte porque 1 más 2 es 3, y 2 más 1 es 3, y 3 por 3 es 9 que es tres veces 3. Qué suerte. Aunque 3 menos 3 da 0 y 3 más 3 da 6 y lo arruina todo...
No, no, no. No puedo ponerme nervioso ahora. Vamos, Juan. Dejá de comerte las uñas. Basta. Basta. Muy bien.
¿Viste, Juan? ¿Viste que hoy no iba a pasarte de nuevo? Ya está, Juan, ya sabés cómo funciona. Mirás el reloj antes y no después, y ya está. Así no te pasa. ¿Viste, Juan? Todo está bien.
Nada está bien. No voy a poder. Por otra parte, 1 más 1 es 2 y 2 más 2 es 4, que dividido 2 da 2. El 2 está cerca del 3, aunque no sea lo mismo...
Tengo que comer antes de ir. ¿Qué toca hoy? ¿No había dejado la agenda sobre la mesa? A ver...
No, no tengo ganas de comer eso... Bueno, como un poco. Tengo que comer.
Ya está. Mejor lavo las cosas ahora...
¿Qué hora es? No, no mires. No mires, no mires, no mires...
...12:34. 12:34. ¿Por qué miraste, Juan? ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué tenías que mirar?
Levantate, Juan. Levantate de acá. Es solo una hora. No es solo una hora. Sí, es solo una hora. Es una hora en la cual 1 más 4 da 5 y 2 más 3 da 5, y 4 menos 3 da 1 y 3 menos 2 da 1, y... y...
Y 4 más 3 da 7, menos 1 da 6, dividido 2, es 3. Sí, está bien, es solo una hora...
¿Cerré bien la puerta? A ver... Sí, está bien cerrada. Papá, tenías razón, nada mejor que una buena cerradura. La del sótano era de pésima calidad, ¿te acordás? Se podía subir o bajar cuanto quisieras... Aunque eso era bueno cuando te olvidabas de dejarlo abierto por si quería ir al baño.
¿Por dónde voy? 1221. Je, qué casualidad. Es de la otra vereda, entonces. 1228, 1230, mil doscientos treinta y c...
...Acá es. Es una casa chica, tendría que atender rápido... Ahí viene. ¿Está solo? Espero que esté solo. Qué suerte. ¿Qué tenía qué decir...? Nada, Juan, nada. Pasá y hacelo de una vez.

Siempre me sorprende el sonido de un cuerpo al caer. Es tan potente, tan brusco. Como un pedazo de carne. Eso somos; carne esperando ser liberada. A veces me siento afortunado: no mucha gente puede hacerlo, pero yo sí; puedo liberar, puedo crear desde la destrucción, y eso hago. Le doy un poco de orden a este caos eterno que nos envuelve, los entrego a la vida que realmente vale. Es un trabajo duro y poco tomado en cuenta, pero sé que al final alguien va a entender su valor. Mi valor.
Tenía razón, es una casa chica. Mejor: menos superficie para limpiar. Voy a dejar la puerta cerrada pero las ventanas abiertas, para que lo encuentren rápido.
¿Qué hora es?
12:43. Pero no es lo mismo, no. Aunque 4 más 3 menos 1 dé 6 y 6 dividido 2 dé 3...

Puedo sentir su libertad. Sí. Aunque...

¿Habré cerrado bien la puerta?

viernes, 1 de mayo de 2009

Río abajo.

La sequía era más fuerte que su brío
Y aunque fuera peligroso, no quedaba otra elección.
Era claro que después de lo vivido
Mucha gente de la aldea demandaba una ilusión.

El problema era saber que en la montaña
Siempre el río se estancaba sin ninguna explicación
Y que el curso, aunque mostrara alguna maña,
Jugueteaba por la tierra hasta volver a su extensión.

Pero ahora hacía casi cinco meses
Que el gigante indiferente no volvía a su lugar;
El ganado estaba muerto, y los peces
Chapoteaban en el barro intentando escapar.

A tres hombres encargaron la odisea,
Y al llegar hasta la cima, no supieron bien qué hacer.
Dos dijeron “démosles lo que desean”,
Y aunque el otro se opusiera, decidió obedecer.

Siempre más fue lo mejor, y en su anhelo
Cavan más y más profundo aunque el río fluye bien
Se abre paso entre las piedras por el suelo
Y ahí va el agua, tan ansiosa, no se puede contener.

Río abajo, ya la gente desespera
La creciente expectativa que carcome sin querer.
El poder, la adrenalina que se eleva,
A lo lejos, en detalle ya se ve el agua correr.

El gigante poco a poco se libera
Toma el curso que desea, no lo pueden detener.
Se abalanza incontrolable hacia la aldea
Todos piensan en gritar cuando no hay nada más que hacer.

Ahora esclavos de la nada que les queda,
Ven quebrados los cimientos de su reino de papel.
Los tres hombres saben bien qué les espera,
Y se borran con el agua que quisieron someter.



Alguien me dijo una vez que la rima siempre es cursi, y la estructura, aburrida...
Puede ser.

Instantánea

No me gusta extrañarte Porque retiembla entero en el cuerpo lo chico que es el mundo restante cuando habito el inmenso espacio entre tu...