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Mostrando entradas de diciembre, 2011

Mansa cólera.

Esta es la mansa cólera, hablando. Mi mansa cólera. Oí que las palabras, al pudrirse en el cuerpo dejan larvas, caníbales que sólo recorren las entrañas para revolverlas bien, para desordenar, y salen desgarrando órgano, músculo, piel, rompiendo huesos hasta explotar el pecho como aliens. Es tomar aire, y aire, y aire, y, con el pecho ensanchado y suplicante, un poco más. Aire, aliento, necesidad ineludible. Hay que llenarse, llenarse de vitalidad hasta tener que soltarlo en ese momento ínfimo de desesperación en el que antes de seguir apropiándose del embriagante aliento milagroso, se considera la opción de dejarse morir. Sólo por un momento; dura ese instante anterior a la espiración aliviante.
Llenarse de vida. De eso se habla, como si uno fuera un vaso que vino al mundo con una jarra lista y a mano. La ingenuidad, la liviandad con la que se usan frases que suenan bonito y profundo, es tragicómica.
Sé vos misma. Soy muchas, soy alguna(s), soy ninguna.
¿Por qué ese amor, ese fetich…