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Mostrando entradas de 2009

Diez años después.

Blancanieves nunca quiso ser realeza;
Aunque ella lo niegue en su rostro se aprecia.
Quiere ver montañas y desde sus cumbres
El viento y las nubes poder alcanzar.

Presa en sus vestidos de seda se aburre,
Y de las costumbres no quiere ni hablar.

Ella está rodeada de gente tan fría;
Se siente una extraña, se siente vacía.
Vuela frente a ella un cumplido engañoso,
Y cierra los ojos por no protestar.

Porque en su palacio todo es tan hermoso,
Que nada a la vista se puede tocar.

No puede evitar añorar el pasado,
Sus buenos amigos, su casa, su prado.
Ahora está casada y planea reuniones
Sin más libertad que sentarse a opinar.

Aprendió a escuchar y a esconder emociones,
Y aún así su voz no se deja engañar.

Se vistió radiante, como corresponde
-La pana delata lo que el cuerpo esconde-.
El príncipe azul que se acerca indeciso
Demuestra interés y la invita a bailar.

Ella le sonríe y con gesto impreciso
Niega cortésmente y se vuelve a sentar.

Es que está cansada de tantos regalos,
La llenan de j…

Vértigo.

No mires hacia abajo, le dijo él, y ella obedientemente fijó la vista en el cielo, en sus ojos, en el puente que se le hacía cada vez más lejano mientras caía.

Contar qué contar.

Hay una mujer en una parada de colectivo cualquiera que quiere inventar una historia sobre un hombre que está sentado intentando escribir un cuento sobre un pescador viejo que vive en su barco y que mientras espera el pique piensa en escribir una historia sobre un campesino que aunque no sabe escribir desearía poder contarle a todos la historia de su hija, una joven que estudia en la ciudad y que intenta escribir un poema sobre una mujer divorciada que quiere narrar su novela como otra mujer que no es ella, y que quiere contar la historia de la amiga de un joven apuesto que quiere ser escritor pero no sabe cómo poner en palabras su idea de la vida de un perro parlante que cuenta la historia de la vez que se enamoró de una gata que maullaba cuentos sobre su dueña, una anciana simpática pero aburrida que se entretenía contando la historia de su juventud como una periodista empecinada en relatar las aventuras de un hombre bohemio que conoció y que buscaba una manera revolucionaria de con…

¿Quién querés ser, hoy?

Hoy no tengo deseos de estar de buen humor. Es así. Hoy no quiero sentirme feliz, optimista, salvadora de un otro o ingenua que sonríe porque siente que en el fondo, todo va a estar bien. Yo no soy esa. Tampoco soy ésta, pero quién me dice la que soy y la que no.
La verdad es que hace mucho que no puedo terminar un solo escrito. Muy simbólico, muy conocido.
El problema de hacer esto -escribir- es que pienso lo que voy a decir, trato de darle forma, algún estúpido trasfondo para que no suene tan plano como yo misma nunca me permito ser. Dios no permita que sea sencilla, o siquiera entendible. Por eso me gusta hablar, porque descubrí que si hablo realmente rápido, mi boca le gana a mi cerebro y llego al punto en el que el filtro ya no dicta mis palabras tan precisamente. Y ahí se me mezclan las ideas, las conjugaciones y los conceptos -e incluso se oyen los vestigios de una infancia seseosa-, pero lo que realmente siento me sale mucho más limpio. No me interesa la estética, hoy (mentira…

Hoy.

Hoy me es temprana la manía;
Se hace presente en la ocasión
Para contar, con ironía,
Causas de mi insatisfacción.

Si bien tu andar no es cosa mía
Ni tus acciones me interesan
Es realidad lo que temía:
Otro inocente se hizo presa.

No es de la vida que reniego,
Sino de tu presencia en ésta
Porque en tu afán de placer ciego
Vas retrasando la respuesta.

Tus intenciones son injustas
Y tus deseos, algo vagos;
Voz dominante que no asusta,
Y que se pierde en los halagos.

Si me escondiera con la muerte,
Tarde o temprano, llegarías.
Hoy mi protesta no es tan fuerte,
Y aún siendo así, la ignorarías.

Sos una ausencia dependiente,
Yo, quien discute con tu sombra.
Sos mi pasado más presente,
Yo una verdad, que no te nombra.

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Estoy algo cansada...

Huellas que no se muestran.

En tu naturaleza caprichosa
No queda mucho espacio para quejas:
Problemas no te faltan, y son viejas
Aquellas fantasías peligrosas.

Las dudas que atormentan tu pasado
Están inamovibles hoy y siempre;
La voz, que no te sale de tu vientre,
Se arrastra en un furor desesperado.

Adónde van tus ojos cuando miran,
Que miran más allá, pero no entienden?
No saben atacar, ni se defienden,
Y tiemblan de terror cuando suspiran.

Y qué pasa en tus manos que se encuentran
Más la una a la otra, que a las mías?
Por cada abrazo fiel que me debías
Tengo huellas de las que no se muestran.

No creo que podamos arreglarlo
Si ya no siento nada que me mueva.
Te di este corazón de amante nueva
Y solo se te dio por regalarlo.

Qué importa si creés que estás cambiado
Si con verte llegar ya es suficiente,
El cambio es un engaño de tu mente,
Que quiere verte muerto y desdichado.

No creo en tus palabras traicioneras
Que dicen lo que creen que quiero oír;
Si siento que no tengo que seguir,
Entonces, ya no soy tu pris…

Simplemente, Flor.

[...]
"G.A.R.U - ¿Beduina o Reina Incaica? // ¿Puede alguien decirme: "me voy a comer tu dolor"? dice:
siii las milanesas tienen forma d argentinaaa
*Kitsch.* dice:
ahhh claro (?) pero algunas milanesas nomás...
G.A.R.U - ¿Beduina o Reina Incaica? // ¿Puede alguien decirme: "me voy a comer tu dolor"? dice:
el resto no cuentan... te las comes sin mirar
pero estas, van mas alla de tu alma
recorren el universo
XD
*Kitsch.* dice:
qué tomaste hoy? xD
G.A.R.U - ¿Beduina o Reina Incaica? // ¿Puede alguien decirme: "me voy a comer tu dolor"? dice:
nada... me dormi dsps de la cena
y me levante recien xq me cague d calor
y sali a la tarde
y la gente me miraba el sombrero
...y algunos me miraban las tetas...pero eso no importa."

Hoy me acordé de vos.
Gracias, GRACIAS por ser así de cuelgue. Cuánto va ya? Casi 14 años que nos soportamos?

Ay, yo te adoro tan enormemente... y vos no vas a leer esto pero no importa porque te lo voy a recordar cada vez que te vea, así que estamos…
Hoy no sé lo que quiero.



Para qué escribir más después de eso.

Aquel viejo problema.

Confiar nunca es fácil. Nunca. Más cuando uno no cofía ni en sí mismo. Una vez, mirando quién sabe qué en internet, leí una frase que me marcó durante un buen tiempo. “Sometimes you put walls up not to keep people out, but to see who cares enough to break them down.” (que sería algo así como "Algunas veces uno levanta paredes, no para mantener a la gente lejos, sino para ver a quién le importa lo suficiente como para derribarlas." La pongo en inglés para mostrar que no suena tan mal como en castellano). Y es así; las paredes se alzan cada vez más altas, y es certero pensar que también se van haciendo más anchas. No es algo que se haga a propósito, simplemente pasa. Sobre todo si uno no se molesta en intentar evitarlo. Y qué fácil es esconderse en uno mismo...

Pero, volviendo al tema. La confianza es frágil, y sensible, y no perdona; para ponerlo en palabras más simples, tiene pocas pulgas. Si se rompe, no hay Gotita que la arregle, ni bazar adonde buscar una nueva. Es modelo…

La Ruptura.

"Mi no tan querido Pablo:"

Cerró los ojos y empezó a tipear.

"Hay algo en vos que me molesta. Sí, realmente.
¿Me podés decir qué tenés de especial? Porque, honestamente, no lo sé. A mí me parecés más bien el perfecto ejemplo del pibe promedio, la definición viviente del "ni fu ni fa"."

No lo niego, pensó, aunque sabía que no era lo mismo que admitirlo. Sacudió la cabeza y siguió escribiendo.

"En serio, hay algo en vos que me molesta. Me molesta al mirarte, al rozarte, al cruzarme con tu nombre en una charla, al moverme cerca de tu barrio, al ver cosas que me traigan tu imagen; me molesta. Me molestás vos, me molesta tu presencia. Me molesta no poder sacarte de mi mente cuando estoy sola. Más aún cuando estoy con alguien, y siento que no puedo concentrarme en lo que dice."

Una sombra en la puerta hizo que cerrara la computadora portátil.
-Te atendí el celular, coso dice que ya viene. Te lo dejo acá.
-Está bien, gracias.
Después de asegurarse de …

A una vieja pena ajena.

Cuando hablo con vos siempre, pero siempre, algo anda mal. Cuando digo algo, quiero decir todo, claro. Siempre encontrás una razón para cubrirte de tristeza, de nostalgia, de insatisfacción, y yo, con mi sola presencia, siento que no puedo ocupar esos espacios que te atormentan. Reconozco que no soy ningún rayo de sol y probablemente nunca lo sea, pero entiendo cuestiones que antes no entendía. No siempre tiene que ver con vos, y tampoco tiene que ver conmigo. Te entiendo; juro que te entiendo, pero ya no puedo contenerte. No tengo con qué, ya no me sale. Sos un lugar vacío en mi rutina y yo en la tuya.
No tiene que ver tampoco con el aprecio que te tengo, que a veces parece infinito. Es simplemente... aquella tan negada autopreservación.
A veces, me dijiste, hay que saber tomar distancia para entender exactamente lo que pasa, y como puedo ver que ya estás demasiado cerca, te la doy.
Será más bien como una despedida pasajera, tan cantada, ¿hasta que te permitas tomar un rumbo diferen…

Fulanito.

Amor. Todo el mundo habla del amor. Es lo que todos esperamos, a lo que aspiramos, ¿verdad? Vivimos nuestra vida con un espacio vacío que ni siquiera sabemos que tenemos, y cuando nos enamoramos, de repente nos sentimos plenos. Ya no somos seres inacabados, efímeros, sino individuos (sujetos, más precisamente) completos, satisfechos, reales. Es que no existíamos hasta que nos descubrimos, porque eso es el amor: un redescubrimiento de quiénes somos en realidad. Una ventana al autoconocimiento. El amor es lo más importante que tenemos... no, no es lo más importante: es lo único.
...Bleh.
Reconozco que me considero, más allá del tono un tanto despectivo de mi interjección, la persona menos adecuada que conozco para hablar de estos temas, más que por otra cosa, por el hecho de que me han sido ajenos todo este tiempo y, como puede dejarse entrever, una parte de mí está todavía algo reacia a acercarlos. Nunca es fácil incluir a la gente nueva en los grupos, sobre todo en los cerrados, y, se…

12:21, 12:34...

Cincuenta y ocho, cincuenta y nueve, ¿estará bien cerrada la puerta? Sí, la cerré bien cuando entré. Sesenta. Es hora. Ya preparé todo, ¿no? Sí, ya tenía todo listo...
Me fijo por las dudas. Nunca se es suficientemente cuidadoso. A ver; listo, listo, listo. Sí, está bien. Está bien.
12:21. Perfecto. Ay, ¿puse los...? Sí, acá están. Qué suerte que son las 12:21. Qué suerte porque 1 más 2 es 3, y 2 más 1 es 3, y 3 por 3 es 9 que es tres veces 3. Qué suerte. Aunque 3 menos 3 da 0 y 3 más 3 da 6 y lo arruina todo...
No, no, no. No puedo ponerme nervioso ahora. Vamos, Juan. Dejá de comerte las uñas. Basta. Basta. Muy bien.
¿Viste, Juan? ¿Viste que hoy no iba a pasarte de nuevo? Ya está, Juan, ya sabés cómo funciona. Mirás el reloj antes y no después, y ya está. Así no te pasa. ¿Viste, Juan? Todo está bien.
Nada está bien. No voy a poder. Por otra parte, 1 más 1 es 2 y 2 más 2 es 4, que dividido 2 da 2. El 2 está cerca del 3, aunque no sea lo mismo...
Tengo que comer antes de ir. ¿Qué toca…

Tormentas...

No conozco a mucha gente que disfrute las tormentas. No es que, personalmente, disfrute de ellas como entretenimiento principal, pero siempre las encontré interesantes...
Las tormentas nos recuerdan cómo somos muchas veces: tempestuosos, algo fríos, y de humor ennegrecido por quién sabe qué. No se andan con vueltas, nos echan en cara los asuntos pendientes, y nos dejan solos con nuestros pensamientos acompañando con un ritmo base de fondo. Las tormentas no avisan sutilmente ni mienten. Las tormentas señalan. La lluvia -como fenómeno-, por otro lado, es diferente.

Me es difícil recordar exactamente lo que sentía ayer. Siempre me encantó la lluvia, no sé por qué. Me encanta mojarme y mirar hacia arriba para ver las gotas redondearse antes de caer, y cruzar las calles corriendo como una nena ante la mirada desconcertada de los que se esconden abajo de un techo. Hay gente que realmente odia mojarse. Nunca entendí del todo a los que se paran contra la pared con el paraguas abierto, pero s…

Río abajo.

La sequía era más fuerte que su brío
Y aunque fuera peligroso, no quedaba otra elección.
Era claro que después de lo vivido
Mucha gente de la aldea demandaba una ilusión.

El problema era saber que en la montaña
Siempre el río se estancaba sin ninguna explicación
Y que el curso, aunque mostrara alguna maña,
Jugueteaba por la tierra hasta volver a su extensión.

Pero ahora hacía casi cinco meses
Que el gigante indiferente no volvía a su lugar;
El ganado estaba muerto, y los peces
Chapoteaban en el barro intentando escapar.

A tres hombres encargaron la odisea,
Y al llegar hasta la cima, no supieron bien qué hacer.
Dos dijeron “démosles lo que desean”,
Y aunque el otro se opusiera, decidió obedecer.

Siempre más fue lo mejor, y en su anhelo
Cavan más y más profundo aunque el río fluye bien
Se abre paso entre las piedras por el suelo
Y ahí va el agua, tan ansiosa, no se puede contener.

Río abajo, ya la gente desespera
La creciente expectativa que carcome sin querer.
El poder, la adrenalina q…

Azucena.

Azucena no era como las otras. No. Tenía un algo, de eso que no tiene todo el mundo. Una expresión, un gesto aquí y allá. Un no sé qué que la hacía diferente. Esa presencia, esa actitud decidida que adoptaba para plantarse ante el mundo. La misma con la que se presentó ante el propio Comandante con la intención de obtener una respuesta sobre el paradero de su hijo. Alfredo y Gustavo lo sabían. Su recuerdo generalmente les arrancaba una sonrisa, aunque siempre seguida de esa mirada que tienen aquellos que en algún momento fueron rechazados.Desde el primer momento se vieron enfrentados por ella. Alfredo la precisaba por deber, Gustavo, por necesidad. Eran el día y la noche. Uno, pedante y pretencioso, militar; el otro, reservado y modesto, de oficio desconocido, caballero como pocos. En ambos había cierta curiosidad que ninguno se animaba a admitir, aunque se rumoreaba que, tratándose de Alfredo, pocas probabilidades había de que fuera así. Verdad o no, cierta fascinación por ella de su…

El juego.

Mabel se sienta en una calesita. Busca al león, que fue su favorito de pequeña, se prepara como si fuera a dar el salto de su vida, mete sus largos dedos en las ranuras de plástico pegadas a la melena, y respira profundo cuando siente que el juego empieza a andar.
Mabel está sentada y gira y gira, y se marea, pero sigue ahí, inmutable, manteniendo la postura y compartiendo la quietud de su león. Ya de chica, ella decía que había algo sobre él que la tranquilizaba, algo que le daba serenidad. Eso necesita ella, ahora: serenidad. Necesita que le digan que todo va a estar bien. Que todo mejora. Quiere que alguien se le acerque y que intente hablar con ella, pero el juego gira y gira y aunque ella no se mueve, gira igual. Lo que pasa a su lado ya no le interesa, y lo que pasa fuera de su calesita no es más que una mancha borrosa de la realidad ajena. Reconoce algunas voces, algunas risas, y tal vez, solo tal vez, le gustaría acercarse a ellas...
Pero subida a su león fijo, gastado, de ojo…