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Contemplativa.

Escribo como digo,
Pausado, torpe, inadecuada,
Con una idea enorme en la garganta
Que no termina nunca de salir.
Contradictoria, pero razonable,
Estéticamente estructurada,
Esclava de mi mente, de mis mundos,
Consternada. Repetitiva.
Ensayando para cuando decida
Liberarme,
O simplemente aceptar mis propias cadenas y
Usarlas.
No puedo evitar mi orden, mis reglas auto impuestas.
No sé quebrar reglamentos o leyes que llevo dentro.
¿Me romperé al rebelarme?
¿Me romperé al revelarme?
No es posible,
No hay manera;
Hoy estoy contemplativa,
Y eso de ponerle el cuerpo a las preguntas
Ni me sale sin pensar, ni me convence.

Reloj.

Termina, ya se termina
siga derecho nomás
las agujas van solas.
No se preocupe
no hace falta que haga
nada.
Duerma, si quiere
mire, mírelas girar
girar otra vez.
Son dos minutos nomás, no se desespere,
acá nadie apura.
Hay tiempo para otra
sonrisa, para otro recuerdo.
Un ceño fruncido, por qué no.
Alguna arruga nueva;
La muñeca marcada,
ya viene
es un segundo más,
y se termina.

Desapasionadamente.

Soy la forma más exacta
Del patrón más imperfecto
Soy la vida sin matices,
Soy el camino marcado.

Casual como una mentira,
Como un sueño y como un mundo,
Como un fuego centelleando
Desapasionadamente.

Tal cual nombre sin origen,
O juego sin reglamento,
O pilar que no sostiene,
O diosa que no perdona,

Cada cosa que percibo
Me es efímera y ajena,
Miserable, intrascendente,
Despreciable, accesoria.

Así es como yo me aparto
Del placer que no conozco
Del deseo y la lujuria
De vivir más plenamente.

Así es como yo me escondo
Cómo logro escabullirme,
De las ganas de expresarme y
No saber cómo decirlo;

De probar nuevas opciones
Que no pueden convencerme,
De no estar nunca del todo
Suficientemente cerca.

Soy la forma más exacta
De esquivarme sin recelo.
Soy la sombra del camino
Que no llegó a ningún lado.

Soy la que dice y no dice,
La que intenta que la escuches,
La que habló de sincerarse
Y al final no dijo nada.

Soy casual como la vida,
Tan efímera y ajena;
Era el fuego, y ahora, ardo,
Desapa…

Desde una grieta.

Las palabras, para conseguir que les reconozcan algún valor, tienen que encontrar su lugar. ¿Su lugar en dónde, sería la pregunta? Bueno, he aquí el problema. ¿Su lugar en dónde?
Es por esto que encontramos, creo yo, tan pocas palabras valiosas últimamente; porque nadie sabe adónde deberían ir, ni adónde dejarlas, o en dónde deberían estar...
La meta del escritor sería, supuestamente, encontrar ese determinado espacio para sus palabras en el medio de esta inmensa marea de frases y más frases, de sentimientos que buscan palabras y palabras que buscan sentimiento, o precisión, o sentido, por qué no.
Andaba pensando en esto justamente el otro día, tirando frases al aire, viendo si alguna caía haciéndose un lugar en esa atmósfera tensa que se forma últimamente cuando estamos a solas mi conciencia y yo (venimos discutiendo acaloradamente, temo una separación), o tal vez no en ese mismo momento ni en ese mismo lugar; en un papel, sería maravilloso que las frases que uno le entrega al aire a…

Esclavitud adueñada.

Hay verdades y verdades. Verdades extraordinarias, verdades injustas, verdades a medias que casi ni llegan a ser verdades; verdades curiosas, verdades celosas, verdades que nadie quiere conocer y verdades que todos anhelan y buscan. Verdades fantásticas, de una naturaleza casi milagrosa -para los que son creyentes, claro-, y verdades terribles.
Algunas verdades, más ciertas que otras, nos marcan sin mucho qué hacer al respecto. Nos chocan, nos tocan, nos penetran con su irrefutable realidad; nos enfrentan duramente a nosotros mismos -en esos maravillosos y a la vez terribles momentos en los que parecemos ser un millón de emociones fantasmas arremolinadas en un solo cuerpo- y, generalmente, consiguen que las escuchemos, muy a nuestro pesar. No hay mucho que se pueda hacer contra la(s) verdad(es). ¿Cuál es el sentido? ¿No decimos siempre que es mejor saber la verdad, aunque lastime?

...Pero también hay mentiras y mentiras. Hay mentiras increíbles -en ambos sentidos-, mentiras injustas y…

Calavera no chilla.

No estoy acostumbrada a no poder poner en palabras lo que siento. Es así. La explicación siempre se me da fácilmente; me es familiar. Mi mirada antropológica, como diría Betty, de la vida -y particularmente de mi vida-, me permite elevarme de la situación en la que me vea involucrada y, sencillamente, describirla cual científico en su laboratorio. Me paro a un costado (algunas veces no literalmente, claro) y trato de entender qué está pasando; observo a la gente, la estudio, la leo; registro los detalles y presto atención a la omisiones. Saco conclusiones y trato de deducir las consecuencias que tendrían determinados pensamientos si evolucionaran en acciones. Es simple. Es seguro. Es cómodo. Es lejano a la realidad y al sentimiento en sí. Es racional, inofensivo, armónico. Incluso se puede volver estético.
El único problema que esta forma de... supervivencia parece tener es la facilidad con la que uno puede, a menudo, encontrarse fuera de terreno conocido. ¿Y entonces qué? ¿Qué se hac…