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Mostrando entradas de mayo, 2009

12:21, 12:34...

Cincuenta y ocho, cincuenta y nueve, ¿estará bien cerrada la puerta? Sí, la cerré bien cuando entré. Sesenta. Es hora. Ya preparé todo, ¿no? Sí, ya tenía todo listo...
Me fijo por las dudas. Nunca se es suficientemente cuidadoso. A ver; listo, listo, listo. Sí, está bien. Está bien.
12:21. Perfecto. Ay, ¿puse los...? Sí, acá están. Qué suerte que son las 12:21. Qué suerte porque 1 más 2 es 3, y 2 más 1 es 3, y 3 por 3 es 9 que es tres veces 3. Qué suerte. Aunque 3 menos 3 da 0 y 3 más 3 da 6 y lo arruina todo...
No, no, no. No puedo ponerme nervioso ahora. Vamos, Juan. Dejá de comerte las uñas. Basta. Basta. Muy bien.
¿Viste, Juan? ¿Viste que hoy no iba a pasarte de nuevo? Ya está, Juan, ya sabés cómo funciona. Mirás el reloj antes y no después, y ya está. Así no te pasa. ¿Viste, Juan? Todo está bien.
Nada está bien. No voy a poder. Por otra parte, 1 más 1 es 2 y 2 más 2 es 4, que dividido 2 da 2. El 2 está cerca del 3, aunque no sea lo mismo...
Tengo que comer antes de ir. ¿Qué toca…

Tormentas...

No conozco a mucha gente que disfrute las tormentas. No es que, personalmente, disfrute de ellas como entretenimiento principal, pero siempre las encontré interesantes...
Las tormentas nos recuerdan cómo somos muchas veces: tempestuosos, algo fríos, y de humor ennegrecido por quién sabe qué. No se andan con vueltas, nos echan en cara los asuntos pendientes, y nos dejan solos con nuestros pensamientos acompañando con un ritmo base de fondo. Las tormentas no avisan sutilmente ni mienten. Las tormentas señalan. La lluvia -como fenómeno-, por otro lado, es diferente.

Me es difícil recordar exactamente lo que sentía ayer. Siempre me encantó la lluvia, no sé por qué. Me encanta mojarme y mirar hacia arriba para ver las gotas redondearse antes de caer, y cruzar las calles corriendo como una nena ante la mirada desconcertada de los que se esconden abajo de un techo. Hay gente que realmente odia mojarse. Nunca entendí del todo a los que se paran contra la pared con el paraguas abierto, pero s…

Río abajo.

La sequía era más fuerte que su brío
Y aunque fuera peligroso, no quedaba otra elección.
Era claro que después de lo vivido
Mucha gente de la aldea demandaba una ilusión.

El problema era saber que en la montaña
Siempre el río se estancaba sin ninguna explicación
Y que el curso, aunque mostrara alguna maña,
Jugueteaba por la tierra hasta volver a su extensión.

Pero ahora hacía casi cinco meses
Que el gigante indiferente no volvía a su lugar;
El ganado estaba muerto, y los peces
Chapoteaban en el barro intentando escapar.

A tres hombres encargaron la odisea,
Y al llegar hasta la cima, no supieron bien qué hacer.
Dos dijeron “démosles lo que desean”,
Y aunque el otro se opusiera, decidió obedecer.

Siempre más fue lo mejor, y en su anhelo
Cavan más y más profundo aunque el río fluye bien
Se abre paso entre las piedras por el suelo
Y ahí va el agua, tan ansiosa, no se puede contener.

Río abajo, ya la gente desespera
La creciente expectativa que carcome sin querer.
El poder, la adrenalina q…